CARTA #4

Al principio todo es lindo, cómodo y un poco relajado para mi costumbre. Normalmente suelo ponerme de punta con los nervios que se apoderan de mí ser cada vez que voy a salir con alguien, con el fue diferente, ya lo conocía desde hacia algún tiempo, pero no había vuelto a tener ningún contacto con él.

Nos encontramos en el gimnasio, y horas más tarde una notificación en Facebook me decía que quería ser mi amigo, la acepte sin mayor reparo, e inmediatamente me hablo. Intercambiamos teléfonos y empezamos a hablar a diario, hasta que me invitó a salir y yo accedí. Para mí era una salida con un viejo amigo, yo a la vaina no le puse nada de morbo (mis amigas me dicen que soy muy lenteja para estas cosas y que era obvio que quería salir conmigo para conocerme MEJOR), puede que haya sido muy lenta o tal vez el tipo no dio señales ni en clave Morse. El caso es que salimos, una comida y una charla muy amena, sin pretensión alguna de mi parte, yo no quería impresionarlo ni comprobarle lo cool que es mi personalidad arrolladora. Fin de la velada me deja en mi casa con beso en la mejilla y sin ningún tipo de decepción porque no paso algo más.

El tipo me hablaba todos los días, era comunicativo sobre su día y muy receptivo sobre el mío, digamos que el tenia ese tipo de cosas básicas que a cualquiera le gusta, pero por algún motivo cuando se me declara a mí la idea no me parece tan chévere, de hecho fue un poco decepcionante porque yo quería un amigo y lo iba a perder por las hormonas un poco anticipadas de él. El chiste de todo esto es lo siguiente: accedí a intentar algún tipo de relación interpersonal con él, la cosa no duro ni un suspiro porque él no me los producía ni con un beso, así que sabiamente tome la decisión de acabar lo que hace poco comenzó.

Pero como todo lo que termina en mi vida empieza con un análisis paupérrimo de mi estado sentimental, me di cuenta que no soy tan fácil, o mejor tan enamoradiza como pensaba, con sus detalles y su linda manera de ser, y con esta inestabilidad emocional que cargo a cuestas hubiera caído rendida y seguramente hubiera terminado con el corazón partio’ como dice Alejandro Sanz, pero no, así no fue.

Me queda la gran satisfacción de saber, que enamorarme, ya no va a ser tan fácil al transcurrir los años, que puedo decidir quién entra y quién no a mi vida. Bueno no sé si satisfacción es la palabra correcta…

¡Esta inestabilidad me va a matar!

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Curiosidades

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