6 abril, 2018

SOHO y #MeToo

Seré breve en cuanto al tema #MeToo en una revista como Soho, con unas imágenes que no necesariamente refuerzan lo que se busca defender. No sé las intenciones con las que se realizó esta edición como tampoco me sentaré a juzgar por lo mismo. Aunque una imagen habla más que mil palabras lo que me llevó a tomar la decisión de contar lo que compartiré en un momento fueron los textos que abordan el tema y algunos otros que no están en la revista pero que se han atrevido a hablar del tema sin ningún tipo de empatía.

Generalizar siempre es tóxico, el #MeToo no se trata de defender o culpar a todos. Sino a aquellos que han sido víctimas de acoso o abuso sexual, o a aquellos que han cometido el abuso. Las decisiones siempre son personales, como el que es abusado y decide hablar, o no hacerlo. La prostitución, el hecho de acceder a intercambios o privilegios a cambio de sexo es más viejo que la moda de andar a pie. Pero así como se dijo SÍ, también hay quienes dijeron NO y se les obligó, o los que dijeron SÍ porque aparentemente no había otra alternativa.

Necesitamos un movimiento que reeduque a todos, hombres y mujeres. No es solo un SÍ o un No, es el contexto en el que este se pose. Vuelvo y repito, no es sano generalizar nada en esta vida – ni todos los hombres son malos ni todas las mujeres son buenas – como tampoco lo es tener siempre respuestas concluyentes, a veces no las hay y eso está bien. Hombres como el señor Javier Marías son el ejemplo claro de una falta de educación sexual correcta. El acoso se vive a diario. En el imaginario masculino es correcto hacer determinadas cosas para conseguir atención de quien ellos durante toda la vida han llamado como la presa, el pollo, el culo… entre otros calificativos que denigran y exceden los límites que hasta hoy se reconocen (porque el llamarme así, por el hecho de ser mujer, no es correcto).

Soy víctima de abuso sexual, se bien lo que se siente estar en esa posición. Así que la opinión de quienes no lo han sufrido – porque sí, se sufre y se carga con él toda la vida – carece de un factor importante, la EXPERIENCIA. Y en esta búsqueda personal de reconciliarme con mi propio deseo, con una sexualidad complaciente, respetuosa y libre; decir sí también ha sido parte del camino recorrido. Cuando creces con la idea de que lo que sucedió es “normal”, la réplica de un abuso es tan real como el sol que brilla cada mañana. Por eso, movimientos como este son necesarios, porque así como en un momento desperté de una realidad a la que llamaba “normal”, muchas mujeres piden a gritos y en silencio la afirmación de un sentir tan visceral de que lo que se vive no es aceptable pero que lamentablemente hablar implica muchas veces desatar una guerra por lo que es preciado. Porque mi cuerpo lo es, no desde una moralización religiosa, sino desde el valor que tengo como ser humano, mujer e individuo. Porque el valor que hombres como los que abusan y escriben columnas que consideran dudoso y agresivo denunciar un acoso/abuso, es el que toda la vida he intentado quitarme desde bien adentro – a veces con jabón, otras veces con lágrimas y hoy, con la valentía que requiere confesar lo que por muchos años había tenido reservado ­–.

El #MeToo como elemento estructurado por los humanos tiene sus falencias y sus faltantes, y aunque sé que lo que voy a decir puede tallar, prefiero este impulso en vez de seguir con silencios que lo único que ratifican es el poco amor que hemos inculcado los unos por los otros. Yo guardé silencio como lo han hecho y lo hacen muchos, por miedo, vergüenza y culpa ­– la culpa siempre es el dedo acusador que se anticipa antes de abrir la boca – preguntas como ¿Qué hiciste para provocarlo? O ¿Qué llevabas puesto? Hace que guardemos silencio. El toro se ve mejor detrás de la barrera pero en el ruedo el miedo a morir es tan real como el deseo mismo de querer hacerlo. Estoy segura que el 50% – sino es más – de los que quieren la confesión completa de Claudia Morales, la periodista que fue abusada por un hombre de “poder”, se les descubriría detrás de esa máscara de indignación, el morbo y juicio con el que se educó a mirar a la víctima.

Lo que he escrito sobre este movimiento lo refuerzo nuevamente al leer el artículo escrito por Manuela Espinal para esa edición de la revista Soho Contra el Abuso. Todos tenemos libertad a la hora de decidir. No se trata de normalizar el abuso, el problema es la cantidad de víctimas y victimarios. No es una cacería de brujas como lo califica el señor Marías. Es la falta de educación sexual eficiente y suficiente. Hemos normalizado la objetivación de la mujer, pero en su deseo de no querer serlo más, salpica la hipocresía moral y el comportamiento “políticamente correcto” de muchos. Está bien cuestionarse qué es abuso y qué es falta de delicadeza, lo que pasa es que en esa falta de delicadeza es que a mujeres como yo y muchos otros, hemos sido abusados.

Así que el #MeToo es tan válido como cualquier otro movimiento que cuestione el comportamiento humano. Llevamos cargando con una cantidad de costumbres toda la historia sin realmente saber que es bueno o malo. Este movimiento no es una camisa de fuerza como lo hace ver la señorita Espinal, cada uno decide si hablar, ceder o negarse a algo. Tampoco es la debilitación en la imagen de la mujer, haciéndonos ver como un pobre siervo acorralado por una manada de leones, por el simple hecho de que no somos una presa. Es en el hablar, compartir y confesar donde encontramos fortaleza y libertad.

El punto de este artículo no es defender el hashtag como tal – como lo dije anteriormente, el hecho de ser un recurso humano tiene tanto de bueno como de malo – la intención es encontrarle el valor a la confesión. Cuestionarnos como seres humanos en nuestros comportamientos, deseos, estrategias de interacción, absolutamente todo. Tener conversaciones aunque nuestros conceptos e ideas no se adhieran al de otro, aprender a escuchar sin un juicio anticipado, guardar silencio cuando debemos pero también hablar aunque eso nos cueste la vida. Somos demasiados en este mundo y, no podemos permitir que el miedo y el odio nos roben lo más bonito de ser humanos… la capacidad de amarnos unos a otros a pesar de nuestras imperfecciones.

Soy víctima de abuso sexual y no espero de ti una palmadita en la espalda. Espero que me escuches, te cuestiones, te lleves lo mejor de lo que te comparto y en nuestras experiencias personales crecer para levantar al que está herido.

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About Alejandra Macías

LA CULTURA ES EL EJERCICIO PROFUNDO DE LA IDENTIDAD. - JULIO CORTÁZAR. En la necesidad pura y visceral de encontrar el camino que debo recorrer entendí que no había otra manera que saber y entender de dónde vengo, por esto, este proyecto es un sueño encarnado en lo más profundo de nuestro corazón. Las nuevas generaciones cargamos a cuestas una herencia maravillosa pero una llena de dolor a su vez. El salir de nuestro territorio significa exponer las cosas que con esfuerzo hemos tratado de dejar atrás pero que lamentablemente el olvidar implica mucho más que solo avanzar. Pero como lo dije antes no hay manera de dejar el pasado sino lo entendemos y en medio de todo, encontramos misericordia en aquello que ha dejado heridas y huellas. En el arte me encontré, descubrí nuestros miedos y también muchos sueños, que gracias a Dios ganan en número a los temores que heredamos o nacieron con nosotros. Música, pintura, actuación, gastronomía, danza, literatura, y todo cuanto creamos para plasmar lo que sentimos, somos y en lo que creemos es el camino que hoy escogemos recorrer; y con el deseo enorme que nuestra gente lo camine de la mano con nosotros. Alejandra Macías. Editora General

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