20 abril, 2018

EL PODER DEL NO

A modo de confesión, el decir NO hace parte del sentimiento de culpa constante en la vida de una mujer. Decir NO incita al ojo ajeno a señalar y cuestionar que tan dadas somos en algo, como si para complacer a los demás, el está siempre incluido en la acción. Esto pasa desde el campo laboral hasta en las relaciones personales.

Hace unos años atrás el rechazar una oferta laboral (porque lo que me ofrecían no era ni justo, ni lo que YO necesitaba) hizo que el empleador – varón, en este caso  tuviera la osadía de decirme que yo era una desubicada y además “mandona”. Constantemente esta palabra es utilizada como calificativo cuando damos nuestra opinión y esta necesariamente no es afín con la de otro, el no estar de acuerdo con algo nos otorga el calificativo de hormonales, en una pregunta bastante hiriente: “¿estás en  tus días?”. El hecho de que pienses que mi negación está basada en mi ciclo menstrual, es ofensivo. Yo soy un individuo racional, mis decisiones no están radicalmente enlazadas con mis hormonas.

Esto nos lleva al punto donde tomar decisiones va muy de la mano con el complacer a los demás. La culpabilidad está directamente relacionada con el bienestar ajeno. Pensamos que decir NO va a lastimar u ofender al otro. Desde pequeñas nos educan para complacer, y al crecer tenemos una percepción personal de lo que nos gusta y de lo que no, y cuando no queremos acceder a ciertas cosas, es ahí donde la palabra NO se vuelve incómoda. Esa educación va implícita también en el imaginario masculino. En las relaciones personales o íntimas decir NO da a entender que no amamos lo suficiente, que nuestra obligación es dar de más siempre, que no aceptar una propuesta o comportamiento nos dejará solas el resto de la vida por egoístas y amargadas.

Decimos por encima de nuestra comodidad, nos enseñan a ser dulces y a saludar cuando no queremos. Esta complacencia también juega en contra nuestra, porque el ser dulces y amables hace creer que siempre somos asequibles, que pueden tomar y llevarse de nosotras lo que quieran. Y la verdad es que, hasta no aprender a sentirnos cómodas con la palabra NO, seremos individuos infelices.

Debemos aprender a reconocer el valor de esa negación, aprender a negarnos a algo está bien, decir NO está bien. En ese valor encontramos también el respeto que otro debe tener por mi respuesta, a veces gastamos energía de más tratando de justificar nuestro NO, cuando ellos dicen NO sin ninguna explicación. Siempre que una mujer dice NO, la explicación está incluida. Mi responsabilidad es respetar al otro, la amabilidad no repele con la negación pero solo depende del otro cómo recibe mi respuesta, no tenemos control sobre la percepción de nadie.

Nosotras por naturaleza somos seres más sensibles al bienestar ajeno, y eso no está mal, es una de las maneras como demostramos amor y compasión, pero también es muy importante reconocer nuestras necesidades y no sentir culpa al decir NO, cuando algo o alguien no complacen o aportan a esa necesidad.

En este texto la palabra NO está escrita 25 veces… es mi ejercicio personal para aprender a decirla sin culpa.

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Join the conversation! 2 Comments

  1. Buena reflexión y si te sirve aplaudo la autoterapia, pero para el resto de nosotras lo que hace falta, en mi opinión , es dejar de decir que ESO es lo que se espera de nosotras: sumisión , dulzura, asentimiento a todo, vocación de servir….porque las palabras tienen mucho poder y quien lea esto y se sienta identificada va a pensar que es “normal” y, quizás, aceptar como inevitable ese sometimiento.
    La “normalidad” es a lo que nos dirigen a todos, hombres y mujeres, y no es que sea lo que “somos” sino lo que quieren que seamos. Así que yo abogo , y ejerzo desde tiempos inmemoriales, el NO por definición… y luego ya veremos si lo que propones me interesa. Soy lo contrario a dulce: rígida; hasta que me demuestran que merecen mi dulzura , y nunca jamás ningún hombre se ha atrevido a cuestionarme de esa manera ( o si ha ocurrido lo he borrado porque el poder es mío). Han habido pataletas por impotencia, por parte de alguno, que me han provocado risa.
    Una mirada de seguridad impide a cualquiera cuestionar al que tiene enfrente
    Un abrazo de oso

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    • Esther,
      Gracias por tomarte el tiempo de comentar nuestro artículo. Es verdad que parte del ejercicio es dejar de mencionar constantemente lo que está mal, a modo de llamar lo que no queremos. Es un trabajo individual así como colectivo. Por eso, el tener estas conversaciones aun en la distancia, refescan nuestro imaginario y los cambios que necesitamos. Porque verdad absoluta, ninguna. Un abrazo grande para ti también.

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