En tiempos modernos como los que vivimos, resulta complicado entablar relaciones sentimentales que se puedan consolidar. Es una lucha entre la rapidez y volatilidad, una que parece haber permeado las relaciones interpersonales también. Este texto es una pequeña introspección de lo que ha podido ser mi experiencia como mujer en una relación sentimental y las libertades que se obtienen con los años, en la plena conciencia de mi propio deseo.

Querer ser deseada tiene una vista gorda de pudor y restricción, ser vista u observada por la mirada masculina, y querer serlo, tiene el beneficio de la duda en momentos de liberaciones femeninas. Esta no es una verdad para todos, pero esa sensación de deseo, me encanta. El pensar que he sido el mejor sexo de alguien, endulza mi ego, pero no quiero ser una muñeca inflable también sueño con amor así como con deseo. Es de saber común que para nosotras no ha sido fácil mostrar nuestros deseos y fantasías, si una mujer quiere sexo es tratada como una “fácil”, aquella que un grupo de amigos se puede “rotar”. Si por el contrario no lo hacemos, somos mojigatas y es puesta en duda nuestra capacidad para complacer y complacernos.

Muchas de esas restricciones tienen que ver con el valor educado hacia nosotras mismas. No se nos enseña a cultivar nuestras cualidades para reforzarlas, sino que nos ocupamos única y exclusivamente de corregir lo que aparentemente está mal. La lucha constante por encajar en un tipo de belleza que no necesariamente es el anhelo de los varones, pero que lamentablemente nuestro entorno nos cosifica y limita a determinadas características. La conexión con otras culturas y tipos de físicos ha permitido que hoy tengamos otras perspectivas de la realidad, y luchemos por vernos representadas en los medios masivos como parte de un todo.

Aun con estos avances creo que en cuanto a relaciones sentimentales nos estamos quedando cortos, en una época donde las conciencias se despiertan y lo que considerábamos verdad o realidad deja de serlo, nos topamos con una especie de competencia con quienes nos interesan. Pareciera que es la ley del más fuerte y como consecuencia hemos perdido lo esencial de construir una relación con alguien. Esto nos lleva a otro punto interesante, durante mucho tiempo nos hemos comunicado de cierta manera, como en un solo canal. Al cambiar esta comunicación, entramos en un caos interno, tanto el que toda la vida ha hablado como aquella que aprende a hacerlo porque entiende que su opinión también vale.

Mientras escribo este texto, se me viene a la cabeza muchas conversaciones que he tenido con mis ex parejas, no es un asunto solo de ellos, para mí el aprender a comunicarme también ha sido un proceso de estructurar como de desestructurar. La soltería en otros tiempos era escandalosa y preocupante, en el presente se extiende ese plazo a manera de conocimiento y reconocimiento de lo que somos. Con todo y el entender parte de una narrativa cada vez más compleja, los cuentos de hadas con final feliz convencen menos al público. Aunque los amores ideales serían al parecer los que llenarían nuestras añoranzas, la realidad nos obliga a despertar y trabajar de manera pertinente en momentos de cambios.

Un tema largo y extenso, digno de estudio.

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